He sido una Godín desde hace más de diez años, pero también soy muy afortunada, y estoy consciente de ello. Tuve empleo desde que era estudiante, y logré obtener mi primer trabajo formal corporativo dos semanas antes de graduarme, por lo que, a diferencia de varios de mis amigos y compañeros, no tuve que pasar por la angustia de estar sin trabajo y ser «nini».
Mi primer trabajo tenía un salario muy bajo, pero yo estaba muy feliz con tener una paga fija y ganar experiencia profesional. Además, mi familia no tenía mucho dinero, así que poder ganar el mío y tener suficiente para poder costear mis gastos y mis salidas de fin de semana ya era todo un logro.
Cuando eres joven, es fácil tener ilusiones
Francamente mi primer trabajo era malo: se trataba de una empresa familiar en la que no nos daban ni las prestaciones de ley, los sueldos eran muy bajos y no existía mucha oportunidad de crecimiento, pero aún así, yo fui feliz porque mi equipo era muy agradable y aprendí las bases de mi profesión.

Después de dos años decidí que era momento de buscar algo mejor y encontré otro empleo en una consultora de tecnología global. El salario no era drásticamente mejor, pero tenían prestaciones superiores a las de ley, y al fin podría poner en uso mis conocimientos del idioma inglés.
Desafortunadamente el ambiente de trabajo fue terrible; era uno de esos trabajos en los que sientes un nudo en el estómago solo de pensar que tienes que volver al día siguiente, porque realmente era un lugar donde la gente no se llevaba muy bien y todo el tiempo estaban sobre ti viendo tus avances, así que sin siquiera estar el año completo, tomé la decisión de buscar algo mejor.
Después de la tormenta siempre llega la calma
Un día recibí un correo de parte de un reclutador en el que me decía que le interesaba mi perfil y que si podíamos tener una llamada. Por supuesto que contesté enseguida diciendo que sí estaba interesada. Fue como si me leyera la mente y él supiera que yo acababa de decidir buscar opciones porque ya no quería seguir ahí.
Desde la primer entrevista todo fluyó súper bien y, finalmente, logré quedarme con el empleo. El sueldo y las prestaciones eran exactamente las mismas, por lo que terminó siendo meramente un movimiento lateral, pero este es un consejo que te doy: si realmente no estás feliz en tu trabajo, busca otro cuanto antes. Obviamente siempre queremos obtener un mejor salario, pero a veces, hay otras cosas además del dinero que realmente pueden hacer la diferencia.
En este caso se trataba también de una consultora de tecnología global, pero cuando tuve la oportunidad de conocer al equipo, pude sentir una diferencia enorme: la gente se veía feliz, relajada, disfrutaban de su trabajo, y la líder del equipo era una persona muy profesional y que se tomaba el tiempo para conocer a las personas. Para mi, eso hacía toda la diferencia ya que yo soy incluso más eficiente cuando estoy en un entorno cómodo y saludable.

Ahí estuve dos años y medio, ese lugar me dejó muchísimo aprendizaje, fue el primer lugar en el que trabajé con procesos en forma, herramientas formales de trabajo y también me enseñó que podía aspirar a mejores oportunidades donde ofrecieran prestaciones buenas sin comprometer el ambiente de trabajo. Pertenecía a los llamados «Great Place to Work», pero lo más importante, me dejó amigos que sigo conservando hasta el día de hoy.
No todo era perfecto, obviamente. Pasado año y medio las cosas se empezaron a poner un poco complicadas, nos cambiaron de líder y se empezó a volver un «reinado del terror» donde diariamente mandaban un correo a todo el equipo mostrando tus números y lo ponían en un terrible color rojo si estabas por debajo de las métricas (mismas que se volvieron absurdas e imposibles de lograr).
Así que, usando mis previas experiencias, supe distinguir que ya no era el bonito lugar al que inicialmente entré, y se iba a poner peor, entonces lo mejor era buscar nuevamente otro lugar.
La oportunidad ideal siempre llega
Poco después de empezar mi búsqueda se presentó la oportunidad de mi vida: mi ahora esposo y varios de nuestros amigos estaban trabajando para una empresa global que realmente parecía un sueño: salarios decentes, buenas prestaciones, comida, bebidas y snacks gratuitos en la oficina y un excelente ambiente laboral.
Yo llevaba años queriendo trabajar ahí, pero nunca había vacantes para mi, hasta que finalmente se abrió una. Mi esposo hizo su labor de networking y me vendió como si fuera la persona más extraordinaria para el puesto. Afortunadamente le creyeron, porque me dieron la oportunidad de tener una entrevista y pasar por todo el proceso (que no fue fácil debo decir).
Mientras estábamos de vacaciones en la playa recibí la llamada: ¡el puesto era mío! No sólo eso, pero me estaban ofreciendo un salario tres veces mayor al que tenía. Todavía puedo recordar vívidamente la sensación de felicidad que tuve en ese momento.
Sin error a equivocarme puedo decir que ese ha sido el mejor trabajo que he tenido hasta ahora. Desde el principio pude sentir la diferencia ya que el equipo era muy bueno, la forma de trabajo era muy organizada y los sistemas que tenían para realizar el trabajo eran maravillosos, lo que me permitía ser muy eficiente, y por primera vez, tomaban en serio mis sugerencias, confiaban en mi trabajo y me delegaban otras responsabilidades, lo que me hizo aprender más cosas.

Conocí gente increíble, en su mayoría éramos personas jóvenes, lo que hacía divertidas las interacciones dentro y fuera del trabajo, y hasta engordé en mi primer año porque claro que aprovechaba esa prestación de la comida gratis jajaja
Después de 6 años terminé siendo la veterana del equipo, en este tiempo tuve mejoras de puesto y de salario, la gente venía a mi para hacer preguntas o pedir consejos y sugerencias de cómo hacer cosas. Se siente muy bien cuando ya dominas a la perfección tus actividades y te sientes cómodo haciendo las cosas, cuando tu manager constantemente te dice lo bien que haces tu trabajo y te va bien en cada revisión anual.
Francamente no se sentía como un sacrificio trabajar, me daba mucha satisfacción, además de que, a veces sí era una locura y había muchas cosas qué hacer, pero en otras ocasiones todo estaba más tranquilo y tenía la oportunidad de echarme en el sillón y jugar Mario Kart.

Pero todas las cosas llegan a su fin. Lamentablemente mi compañía fue adquirida por otra y esto provocó que despidieran a aproximadamente 75% de los empleados a nivel global. Mi puesto fue uno de los que desaparecieron y así, en cuestión de pocos meses, me quedé desempleada por primera vez.
Quedarse sin trabajo es una experiencia triste en la mayoría de las veces, especialmente cuando yo me sentía tan segura en el mío. De no haber sido por la adquisición, estoy segura de que ahí seguiría, porque mi equipo me reafirmaba constantemente la pieza clave que yo era para el equipo, pero también porque yo para nada quería irme… Era feliz.
Y ahora… ¿Qué sigue?
Jamás había estado desempleada, y el proceso de adaptación fue un poco complicado. Estaba acostumbrada a estar ocupada durante mi horario laboral. Mi mente constantemente pensaba en cosas del trabajo o haciendo planeaciones para las actividades del día siguiente, y de la noche a la mañana, ya no tenía absolutamente nada qué hacer.
Además está la angustia constante, esa vocesita que me dice «No tienes un ingreso fijo, se te va a acabar el dinero», es complicado cuando llega la quincena y no hay depósito en tu cuenta.
He tomado la oportunidad para darme un tiempo para mi, descansar un poquito ya que no había tenido esa oportunidad en 11 años, aprovechar el poder desayunar con calma y disfrutar sin tener prisa. Estoy buscando trabajo, pero – para bien o para mal – mi trabajo más reciente me hizo más exigente: ya no quiero entrar a lugares donde no me paguen justamente, o que tengan horarios extendidos, en los que exista micromanagement o mal ambiente laboral. A lo mejor es mucho pedir, pero me di cuenta de que esos lugares existen porque yo estuve en uno de ellos.
En una maravillosa coincidencia, empecé mi proyecto de «El mundo según Marce» poco antes de que todo esto sucediera, así que también tomé esta situación como una oportunidad para poder dedicarme totalmente a eso, pues tengo tiempo para planificar el contenido, grabar cosas y, mi parte favorita: escribir estos blogs.

También soy muy afortunada de contar con un sistema de apoyo increíble: mi esposo me da confianza en mis habilidades y quiere que me tome mi tiempo para buscar la oportunidad correcta para mi y no simplemente tomar lo primero que encuentre por pura desesperación.
Además, como no tenemos hijos, realmente tengo menos presión. Sólo puedo imaginar lo difícil que es navegar el desempleo cuando eres responsable de proveer para tu familia – si tú estás o has pasado por esa situación, tienes toda mi admiración, porque de primera mano sé lo complicado que es buscar un nuevo empleo y que la gente se dé la oportunidad de demostrarles tu experiencia. Buscar trabajo es una experiencia sumamente desgastante y estresante.
Si puedo darte un consejo es que conozcas tu valor, en la medida de lo posible disfruta tu trabajo, pero nunca les regales tu tiempo extra ni sacrifiques tu vida personal por una empresa. Tu familia y amigos son mucho más importantes, y no sabemos en qué momento la situación cambie y simplemente ya no te necesiten más, mejor cuida de ti, de tu salud física y mental, y sé consciente que existen lugares que de hecho te tratan justamente.
Si alguna vez te encuentras desempleado, sé que es difícil, pero ojalá sea porque viene algo increíble y tengas oportunidad de pensar en tu siguiente paso: quizá un cambio de carrera, quizá logres trabajar en un lugar incluso mejor, tal vez hasta logres un mejor salario… Confío en que la oportunidad ideal te llegará en su momento, y a mi también.

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